Neurociencia y educación

Hace unos años tuve ocasión de acudir a una formación sobre aprendizaje cooperativo y Brain Friendly Learning, y fué la primera vez que escuché hablar de neurociencia aplicada a la educación. 

Hoy, cinco años después, la Red está inundada de artículos y opiniones sobre este tema. La neurociencia educativa es, como dice la Wikipedia, un campo emergente que todavía está en pleno desarrollo y que, su temprano paso a la práctica está ya creando "neuromitos" educativos (traducción incorrecta de términos científicos). Uno de los más extendidos, por ejemplo, el de la diferencia de hemisferios derecho e izquierdo entre "cerebros de letras y de ciencias" o eso que todos hemos oído de que los niños y niñas son "como esponjas" en una determinada fase de su vida (en la infancia y adolescencia es cuando más conexiones cerebrales nuevas se establecen). Por eso, a la hora de opinar hay que hacerlo siempre con prudencia.

Pero, dejando al lado campos hoy en día muy controvertidos, como los del desarrollo de la lectura, el lenguaje, los desordenes emocionales etc. hay otros, más contrastados y reforzados con experiencias de aula, que apuntan a subrayar algunas prácticas educativas como más exitosas que otras.

El entendimiento del funcionamiento de la amígdala,  de las "neuronas espejo" y del aprendizaje social, por ejemplo,  nos dan algunas pistas para comprender la importancia del estado emocional y su relación con la organización del aula. Para optimizar el ambiente de aprendizaje necesitamos un aula que no sea hostil, que no produzca estres y que propicie la capacidad de aprender de nuestros alumnos y alumnas. No hace falta recurrir a referencias muy sesudas para poder extraer una serie de conclusiones:
  • El estrés que pueden generar los exámenes, el no poder seguir el ritmo, el sentirse "perdido/a" en clase, la falta de autoestima o de motivación influyen negativamente sobre el aprendizaje. Es aconsejable crear escenarios de aprendizaje tranquilos y aplicar metodologías que motiven, que supongan una actitud activa, no pasiva (motivar +acción). No por mucho "meter" contenidos vamos a aprender más. Hay que empezar a saber "podar" el currículo, ¡qué dificil!
  • El cerebro es un órgano de nuestro cuerpo y, por lo tanto, necesita aporte de energía (glucosa, oxígeno), necesita movimiento. Una clase donde se permanece sentado y en una misma postura durante muchas horas no es, desde luego, la más propicia para esto. Hacer actividades y dinámicas con movimiento en el aula ayuda a mantener los niveles de glucosa necesarios y, a la vez, romper con la monotonía.

  • Si el aprendizaje es social y si uno de los motores de aprendizaje es la imitación (neuronas espejo), habrá que cuidar los contextos donde se producen estas interacciones. Trabajar  con estrategias metodológicas que impliquen interacción entre el alumnado, cooperación,  proyectos en equipo...es más "amigable" al cerebro que otro tipo de enseñanza. Trabajar en grupo es mas "seguro" para la persona. Ni que decir tienen que el "efecto Pigmalion" es también muy importante. 
  • Parece ser que el cerebro está mejor preparado para responder a ciclos de aprendizaje que encuentran el equilibrio entre la novedad y la rutina. Los ritmos de clase monótonos y las largas explicaciones generan pocos estímulos, el alumnado "desconecta" de la clase. Pero también hay que evitar la ansiedad ante aprendizajes que sean difíciles de conseguir.

 
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las pruebas de la educación: mis apuntes

Arazo-egoeren adibideak, nondik atera ?

Arazo-Egoerak zientzia eta matematika arloetan